jueves, 4 de diciembre de 2008

Marcha popular: más de 3000 personas

MONTORNÈS DEL VALLÈS.- Más de tres mil personas se inscribieron en la decimoséptima edición de la Marcha Popular que organiza el Club de Atletismo. El último domingo de octubre amaneció una hora más tarde, pero salió una mañana espléndida para pasear por la montaña.
Apenas habían tocado las ocho y algunos caminantes iniciaban el recorrido después de depositar la papeleta con sus datos para entrar en el sorteo de varios regalos.
El itinerario se fue poblando paulatinamente de mujeres, hombres, jóvenes y niños de edades muy diversas: bebés en brazos o en cochecito y ancianas con un paso muy tranquilo flanqueaban las edades de los participantes.
Algunos participantes escucharon el cohete que dio la salida a las nueve de la mañana en el primer avituallamiento y tras casi una hora de estar caminando. Aún así, los primeros corredores les dieron alcance antes de llegar a la bifurcación que obliga a decidirse entre el itinerario de ocho kilómetros o el de catorce.
Lamentablemente, la crónica no puede obviar la grosería, falta de respeto y mala educación de algunos participantes que arrojaron las botellas de agua a lo largo del recorrido en lugar de depositarlas en los numerosos puntos que estableció la organización. Algunos colaboradores tuvieron que soportar la desconsideración de un grupo de inscritos que reclamaban por el contenido de la bolsa de obsequios que regala la organización a todos los que finalizan el recorrido. Esa actitud incita a pensar que hay personas que participan en esta marcha solamente por el regalo final. Afortunadamente, son excepciones de las que se puede prescindir en las próximas ediciones.
Los caminantes que eligieron el itinerario de catorce kilómetros pudieron gozar del placer de la montaña, los sonidos de la naturaleza, el frescor de las zonas frondosas y el calor del sol a medida que avanzaba la mañana.
Las vistas que se aprecian desde los puntos más altos y despejados son un premio que ninguna empresa puede ofrecer.
Y, al final, un bocadillo y un refresco reparador gracias al esfuerzo de quienes los prepararon desde la madrugada y de quienes los distribuyeron desde poco después de las nueve y media, cuando llegó el primer corredor, hasta después de las doce de la mañana.

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