jueves, 4 de diciembre de 2008

EDUARD PRATS: EMPRENDEDOR, ENTUSIASTA Y SUPERVIVIENTE


Montornès del Vallès.- Tiene setenta y seis años, tres libros escritos y otros tantos en elaboración, una experiencia profesional muy extensa tanto como trabajador, directivo y empresario, una pensión mísera y un entusiasmo envidiable. Es capaz de fabricarse una casa de madera, proponer alternativas a la financiación de la Seguridad Social o acompañar con la armónica el Concierto de Varsovia o cualquier canción popular. Vive rodeado de libros, herramientas y sueños que intenta hacer realidad.
Hace diez años que se instaló en Montornés. Vive de alquiler en una zona muy tranquila con vistas a la sierra de Marina. Derrocha ánimo a quienes le rodean y, de vez en cuando, analiza los recuerdos en busca de respuestas a lo irremediable.
Eduard Prats Dresaire se apasiona con la conversación sobre su vida y afina en los detalles que provocaron cada una de sus vivencias.
Ha intentado publicar alguno de sus libros, pero no da la impresión de haber volcado en el intento tanto entusiasmo como en la creación de nuevas historias, teorías e hipótesis. Destila un mundo interior lleno que exterioriza desordenadamente. Siente la urgencia de transmitir lo que aprendió en una vida laboral intensa, salpicada de contratiempos y de alternativas.
Se considera autodidacta en muchos campos, además de su formación cultural y técnica. Dedicó gran parte de su vida a la radio, siempre en ese ambiente de técnicos que reparan los sintonizadores o que fabrican componentes, y de los que montan esas piezas que alguien ensambla posteriormente.
Saltó más adelante a la dirección de una empresa electrónica con ciento treinta empleados en plantilla y otros tantos externos. pero la liberalización de aranceles arrasó con ella. Se aventuró en la cría industrial de conejos y un conglomerado de adversidades puso fin a un gran esfuerzo y a una inversión personal y familiar. Sólo le quedaron sus manos para trabajar y se acogió a contratos eventuales. Limpió granjas y discotecas; llevó la contabilidad de una empresa; montó un taller de trabajos en serie; o fue responsable de producción y de personal de una empresa oleícola. Cualquier cosa para sobrevivir. Conocía Montornés desde los años sesenta y aquí se afincó para dar rienda suelta a su creatividad.

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